Buenos Aires 2009: ciudadana-piquetera .
Cuando Leticia se marchó me preparé una taza de café y me senté ante la mesa de mi cocina donde reposaba la carta que dejó en silencio. Sentía curiosidad sobre lo que ella había escrito, pero una parte de mí no deseaba leerla. Hoy habíamos hablado de sexo. Es delicado y maravilloso sentir en cada palabra los instantes vividos. La vida debe ser esto supongo, abierta y sincera y no ahogarse en sílabas y frases que sorprenda cualquier realidad. Hacíamos dibujos ilusivos en el aire donde nuestros cuerpos se examinaban orgullosos, húmedos y felices. Atravesamos murallas e intelectualidades etéreas sin remordimientos. Sobre la mesa aún seguía esa carta como mirándome, como revelando su ansiedad por ser leída. Te prohibo hablarme -le decía yo- entre susurros invisibles. Mi taza de café ya se había consumido. Abrí la puerta de mi habitación y dejé caer mi cuerpo sobre mi amable y lleno de secretos colchón amarillo. Era una relación casi perfecta, ni mas ni menos lo que ella deseaba. Me había convertido en su alivio, en su refugio, en su amor deseable. Pero debía atreverme a pensar que jamás habría una mujer constante en mi vida, en mis posibles instantes de placer. Yo había decidido desde hace tiempo a no someterme jamás a pruebas adicionales, necesitaba sentirme segura, ser simple, disfrutar la piel del momento, del amor. Alzaba mi cabeza constantemente y mi lejano techo reflejaba su imagen a cada instante y me sentía culpable de mi libertad de amar, me sentía sofocada por este fuego de lealtades y reglas del quizás. Ella, pensaba revelarme en algún momento sus dolores ocultos, también sus delicadezas, sus luchas internas, pero por primera vez en su vida se encontró con alguien como yo sin pasados ni preguntas y quizás mi inmadurez y mi concepción de nunca esperar nada sino tan sólo amor, la hizo dudar esa noche marchándose con un tibio beso y dejando esa carta tímida sobre la mesa. El sueño se apoderó de mí, me rendí ante él y su fuerza me arrastró suavemente a su delicado y pálido rostro y su voz entremezclada diciendo a cada instante amor amor amor, no dejes de repetir que me amas. Una leve caricia del viento entrando por mi ventana hizo que me despertara sudando en su reclamo. El vacío de la noche penetró en mi cuerpo y decidí salir de casa. Guardé su imagen en mi cajita de cristal y partí al bar más cercano, sin antes tomar su cansada carta. Eran las tres de la mañana. Me senté en la primer mesa junto a la ventana, pedí una ginebra con una sola piedra y un vaso con agua. Tomé la carta, la abrí en medio de mis dudas y cansancios y por fin decidí leerla. Un asombro y una sonrisa se unieron admirables en mi pecho al ver que sólo contenía una servilleta con el rojo rush de sus labios marcados, la silueta de una lágrima aún húmeda y sólo una lineas escritas con birome negra que clamaban... Perdoname dulce Laura, sabés cuanto te amo, amo tu libertad, tu calor, tus goces de mujer insatisfecha, tu olor, tantas cosas amo de vos... pero en nuestras diferencias tu color de piel me cohibe, me reprime cuando vamos tomadas de la mano por las calles de Buenos Aires ese contraste de tu encendida piel oscura con la mía, no me hace sentir bien delante de los demás. Te amo... Me levanté y busqué un espejo para mirar mi piel negra y sonreír hasta la madrugada ante él y repetir alegre en su reflejo... claro Leticia, pobrecita mi tierno y blanquecino amor, claro que te perdono... Sólo fue una suave experiencia más en mis templados e imprevistos amores. Sigo sonriendo, sigo siendo yo envuelta en mis luchas, fuegos y libertades... gracias a Dios..
Karo exhibe dulzuras a cada instante, las maneja sin treta alguna, las suaviza. Una tarde sin precintos escribió esto, quién sabe para quién... .
En nuestra habitación se anuncia la mañana, despierto cuando sales de la ducha cubierta con la toalla. No sabes que te observo, y te sientas en la orilla de la cama dejando deslizar suavemente la toalla hasta tu cintura. Tu pelo húmedo se pega a tus contornos casi tan intensamente como mi mirada. Los lunares de tu espalda parecieran mirarme y sonreír felices ante mi deslumbramiento. Hay luz en tu piel y magia en ese instante en que te das vuelta y dejando caer la toalla te cruzas de brazos y piernas y me miras complacida. - Buen día mi amor! Yo no puedo articular palabra y sólo sonrío. Sigues ahí, mirándome, desafiándome. El lunar debajo de tu rodilla derecha suelta una risita nerviosa cuando una de tus manos se desliza unos milímetros y me deja contemplar un trocito de la gloria de tu pecho. Me miras, se exaltan mis sentidos, y como gata salvaje mido la distancia entre tu cuerpo y mi cuerpo. Me sonríes, tu lengua asoma entre tus labios y los acaricia, algo cambia en el aire. Mi corazón desbocado estalla y salgo en tu búsqueda. Simulas querer escapar y luchamos dulcemente, - Tú ganas cariño - susurro en tu oído mientras me devoras con tus besos.
entre mi ropa interior encontré algo de geheugen y sin permiso lo suavizo en mis labios, en mi lápiz, en su voz quieta... .
 Apenas abre el sol el horizonte pero sus ojos no han amanecido y para mí es de noche. Tengo en la piel sabores y perfumes robados de abrazo de su cuerpo.
Soy apenas suspiro entre sus brazos, y al abrigo caliente de sus piernas, un temblor, un silencio emocionado, soy el sol del invierno.
No se qué desear… que sus ojos cerrados a la luz de este día día sueñen conmigo siendo así perfecta, o que se abran sus párpados felinos y vean. Que su boca se quede así callada y yo siga deseándole los besos, o que sonría dormida todavía mitad mujer y ángel, y besándola al fin, sienta muy dentro que su boca, más que mar es un puerto.
un regalo de Lucía .
Soledad y Laura .
 Soledad y Laura: en marzo cumplen tres años juntas. Se conocieron chateando. “¡Cuándo no!”, podrán decir algunas. Pero vale aclarar que no lo hicieron en una de esas salas en que la búsqueda de sexo puede encararse bajo seudónimos tan poco sugerentes como “la más lechuda” (sic) o “perra casada” (basta entrar a cualquier sala de chicas para extraer, cual objets trouvés, ejemplos de una larga lista que incluye nombres más discretos como “Mamá46bi” o extravagancias del tipo “GayBuskNoviaLesbiana”), sino en una de esas aburridas salas de trivias en las que uno se mete a contestar preguntas y a poner a prueba su cultura general porque anda desvelado y no enganchó ninguna película en el cable. Así, entre preguntas mortales como “¿quién fue el segundo hombre en llegar a la luna?” o “¿qué longitud tiene la prueba del maratón?”, Laura y Soledad empezaron a charlar hasta que el moderador amenazó con echarlas, ya que conversar iba en contra de las reglas generales de esa sala. Pero ahí mismo ellas intercambiaron sus direcciones de msn y se quedaron hablando hasta bien entrada la madrugada. Y si bien Soledad, a la cuarta o quinta línea, le dijo que era gay, Laura acusó recibo bastante más tarde. “Yo había tenido una sola experiencia homosexual, así como al pasar, y me consideraba heterosexual. Pero después, con el transcurrir de los días, cuando empezamos a hablar y a conocernos más, empecé a sentir la necesidad de verla y de saber cómo estaba. Cada vez que me metía al msn, lo primero que hacía era fijarme si su nombrecito aparecía conectado.” Y ya que toda historia de amor muchas veces se forja y robustece gracias a los obstáculos que le salen al paso, vale decir que la instancia cibernética del idilio que en un principio ninguna se atrevió a confesarle a la otra no se debió a la timidez o a la fobia social de alguna de las dos sino al hecho de que Laura vivía en San Nicolás y Soledad en Villa Celina, partido de La Matanza. “Nos conocimos en marzo de 2006, unos meses antes había muerto mi papá, y yo andaba bajoneada, y un día le dije que me quería ir a un lugar donde no hubiera nada. Ni televisión, ni teléfono, ni radio, ni turistas, nada”, cuenta Soledad. “Y entonces me dijo: ‘¿Y qué te parece Pergamino?’ ‘¿Pero qué hay en Pergamino?’ ‘Nada. ¿No querías un lugar donde no hubiera nada?’ Y así quedamos en encontrarnos, supuestamente un punto intermedio para las dos, aunque yo terminé viajando cuatro horas y media y ella cuarenta minutos apenas.” A lo que Laura agrega, luego de jurar y perjurar que el error de cálculo no fue a propósito: “Cada una, en su interior, se moría de ganas por conocer a la otra. Y ese sábado fuimos a comer, anduvimos paseando, y cuando llegó la hora de irnos y estábamos a punto de sacar los pasajes, Soledad me dijo: ‘¿Y si nos quedamos a dormir?’ A todo esto, todavía no había pasado nada: habíamos ido a un laguito, nos sentamos ahí, pero ninguna se había animado a dar el primer paso. Y le dije que sí, más allá de que al otro día entraba a laburar a las 2 de la tarde en un local de videojuegos donde era cajera. Nos fuimos a un hotel que estaba a una cuadra de la terminal y nos dieron una habitación con dos camitas: tampoco daba para andar pidiendo una cama doble cuando todavía no nos habíamos dado ni siquiera un beso”. Al otro día se levantaron y cada una regresó a casa con la firme intención de volver a verse. Y mientras Soledad terminaba en Villa Celina con una noviecita que había conocido unas semanas antes, Laura le decía a su madre que era bisexual “para suavizar la noticia”. Así empezaron los viajes periódicos de Laura a Buenos Aires, que fueron apuntalando una relación que lidiaba con el escollo de la distancia. “Nos conocimos en persona un 24 de marzo, y la próxima vez que nos vimos fue para Pascua. Laura después empezó a viajar cada quince o veinte días, y a los seis meses nos compramos los anillos y decidimos que se venía para Buenos Aires.” “Las despedidas eran terribles”, apunta Laura. “Yo venía un viernes y me iba un domingo o un lunes. Y ese domingo o ese lunes eran muy angustiantes. Cada vez que íbamos a Retiro decíamos cuándo sería el día en que por fin no tuviera que ir allí para despedirme sino para ir a San Nicolás a visitar a mi familia. Para colmo, nos despedíamos con un abrazo y un beso en el cachete, pensando que podía haber algún conocido que si nos veía en la estación podía contarle a mi mamá que su hija estaba en Retiro a los besos con una mina.” Soledad y Laura cumplen tres años de relación en marzo, y ya llevan más de dos conviviendo. Y si ya están planeando tener un hijo con el aporte paternal de su mejor amigo gay es porque a la vida se la imaginan juntas. “Yo supe que quería estar con Soledad cuando me di cuenta de que era una persona con la que podía hablar durante cinco horas sin aburrirme. Eso fue lo que más me gustó de ella: saber que si el día de mañana llegamos a los 70 años y no tenemos otra cosa para hacer más que conversar, vamos a disfrutar de hacernos compañía.”
Guillermina, una amiga ilegítima de Ernesto, escribió esto mientras soñaba con una nueva ley de medios audiovisuales . (hueco-deseo-soledad) .
Para Edith las palabras de Ana fueron cristales clavados en su corazón. Hace un mes, ninguna de las dos sabía de la existencia de la otra y sin embargo, ambas tenían un hueco reservado en su corazón alistado para su llegada. El corazón de Edith cantaba soles y deshojaba flores, el corazón de Ana curtía pieles y añejaba olores. Ninguna de las dos supo a ciencia cierta quién llegó primero, quién dejó el primer comentario, quién contestó de vuelta, simplemente su comunicación se tornó fluida con el paso del tiempo. Sin darse cuenta se necesitaron y empezaron a sentirse como una misma. Se pensaban al despertar y en las horas inciertas, en las madrugadas frías y en los húmedos sueños, anhelaban el contacto de sus pieles cuando las ganas despertaron sus sexos e imaginaban sus labios en un beso eterno. Fugaces y ansiosas se entregaron sin reservas en un juego de pasiones que, aunque lejos la una de la otra, les otorgaba un calor misericordioso aunque disímil, las dos jugaban diferente, Edith al amor y Ana al deseo pero por complacerse, ambas pretendieron no enterarse. La que apostaba al amor se destapó insensible guiada por la lujuria de sus deseos y, la que libidinosa se pensaba su corazón arropó de suaves velos. Edith y Ana se conocieron una tarde fría de noviembre frente a la entrada principal de algún edificio del centro, caminaron por las calles sin rumbo fijo, se sentaron en el primer café que les abrió las puertas y hablaron largo y tendido. Sin proponérselo, los miércoles fueron testigos, siempre a la misma hora y en el mismo café hasta que un día se dijeron lo que no se había dicho y se callaron lo que debieron haber hablado... Ahora las dos caminan solas, sin los miércoles, sin el café y sin la otra, y el corazón, sus corazones sin un hueco vacío.
(soledades de anpita) presencia .
Cómo quitar el polvo encubridor de recuerdos, si mis manos acarician la felicidad, a través de él. Mis paredes son blancas, una tenue luz encandila la nada de mi cuarto, sólo un rincón hay en él. Un reloj, apela al tiempo, para evocar aquellos días, sensibles. El techo, quisiera allá a lo lejos, no divisar una alfombra ya sucia de realidades, mojada en lágrimas. Sobre una esquina dibujada por mis dudas, una sortija, con tu nombre. Unos ojos quietos, calmos, confiados, no quitan su mirada de ese único rincón donde mi corazón mareado, busca una respuesta. Celebro un día mas mi rito de soledad dentro de mi cuarto, celebro un día mas, mi rito de perdón convidando a mis húmedos ojos, con la imagen de tu recuerdo. Limpio la nada, unos labios de cristal se confunden con su tibieza, buscando en círculos la emboscada, que paralizó su aliento. Sumerjo mi mirada en ese reloj logrador de sueños, pero sus agujas no contestan, se detuvieron en aquella hora en que dejamos de ser dos. Mis pupilas nadan a través de tu respiración, pero se ahogan en tus mejillas, que ya no rastrean mis caricias. Busco un lugar bajo mis pies, pero mi alfombra me castiga con la madurez de sus lágrimas, impregnadas. Cuelgo mi alma al techo para evaluar mi insensatez de amar, pero este, se aleja aún más, y mi alma se pierde con él. Congrego toda pregunta sobre esa sortija con tu nombre y esta se refugia nuevamente sobre esa esquina, dibujada por mis dudas. Esos ojos quietos, confiados, se suspenden brillantes en ese único rincón auxiliando toda respuesta... y tu imagen, aparece... Tus poros se dilatan en el aire y dejan penetrar cada suspiro de mi piel. Tus labios, liberan su calor, y explotan tus besos en los míos. Tu cuerpo indulta mi aspereza y se deja atrapar, por esta realidad. Tus pechos erizados se encierran en mis manos, mendigas de pasión. Tus ojos se enlazan en los míos y se ocultan en la oscuridad, del amor... Sumerjo mi mirada en aquel reloj logrador de sueños, y sus agujas ya no contestan, se detuvieron en aquella hora en que dejamos de ser, dos... Celebré un día mas, mi rito de soledad, de perdón...
(un regalo de luciana) reflejo . Pensé que aún eras vos en el silencio turbio en mis lágrimas que eras vos sin saberte infiel desganada que no eras vos la que olía a recuerdos huérfana sublevada pensé que aún eras vos la que dentro de mí fiel se ocultaba
(un regalo de luciana) extraño . Hoy decidí seguir viviendo saborear mis sinsabores cambiar mi peor en mejores engañar mi piel sudada olvidar a la niña olvidada no elegir tu poesía no amar ni ser amada no lamerte en tu saliva Hoy decidí no seguir soñando tratar sin ser tratada gozar sin ser gozada embargar la tristeza regalar tus riquezas no ofrecer mis gemidos a la impureza de un silencio que lucra con mis sentidos Hoy decidí olvidarte abortar la ficción de tus labios transitarte en mis resabios maquillar mi lengua infectada despintar tu cavidad agitada no desear ni ser deseada no hundirte en la pared no auxiliar tu boca asustada Hoy decidí sin tu piel vivir vender mi cuerpo al olvido fantasear en tu entrepierna pensar tu savia en mi nido salvarme sin ser salvada sin tus ganas sentir celebrar mi fiebre en la nada hoy decidí mi rancio amor al amor mentir
Tukita es la más triste de las amigas de mi amigo Ernesto. Es propietaria de millones de lágrimas nutridas de valiosas disyuntivas que esta vida traslada a cada instante. Cuando Tukita escribió esto, una avalancha de pasados afligidos licitaban su presente, un presente sin trofeos, confundido en congojas por un hoy dónde mi amigo Ernesto, su amigo sin fraudes, vive sujeto a dolores que pocos entenderían. Tukita es parte de mi tristeza endeble y suficiente y de los desconsuelos de mi amigo Ernesto. Tukita hoy llora y mucho a pesar que fuegos de artificio controlan una esperanza escogida de un cielo en que sólo los marginales y subversivos podemos volar y aceptarlo. Atropellando un final , hace un semana un fallo de la corte suprema despanalizó la tenencia de marihuana para consumo personal y que se puede extender a otras "drogas" según la interpretación del fallo. A pesar de que Tukita conoció el encierro hace unos años por la falta de una ley como esta, ella sigue, aún, muy triste. Como triste estoy, el inevitable candado del recuerdo se abre y me avisa que se cumple hoy una semana en que unas insolentes alas se fueron para clarear, quizás, paraísos inadvertidos por la olvidada razón humana dejando en mí, su imágen blanquesina, su Oli-mpo rojo y una huella que se cuela en el interior de los que amamos sin preguntas ni permiso alguno. .
(humedad) . En penumbras sobre mi cama, desnuda, con los pies colgando, te invoco. Te invoco como se invoca a las brujas y a los fantasmas, a los espíritus y a los muertos. Como muerta estoy abierta, en la plancha tras la autopsia, abierta de brazos y piernas, sangrante, sangrante del pecho y con un hilo rojo que llega hasta mi sexo, para que bebas. Bebiendo te espero, bebiendo tus formas pero con los ojos abiertos porque de tanto pensarte se dibujó tu silueta sobre las paredes, sobre el techo, sobre las puertas. Abro tu puerta y puedo olerte, despacio y silente, empecinada por seguir la ruta que me lleve a tus dulces rincones, a tus sabores, para llegarme ansiosa y desesperada, loca, sobre el riel de tus senos y viajar en ti. En mi viaje encuentro tus pies dulces y lácteos, mojados por tus pasos y secados por mi boca. Mi boca recorre tus piernas ignotas y abruptas, reconocidas por mis manos que se enredan en remolinos tiernos que las impulsan para llegar hasta la tormenta de tu sexo, sexo que se moja, que avienta lluvia y se rocía dentro de mí. Rompo tu cuerpo en la memoria mía. Mía es la sal de tu piel y tuya la mía. Mía la savia de tus ganas y tuya la que te bebiste de mí. Mi ombligo es la mitad exacta de ti, donde te arropas, donde te refugias. donde apareces y luego desapareces, como duende. Duende de mis ganas conjura el deseo que me está matando, que me quema por dentro, que me asfixia y desgarra. Pon tus manos sobre mi cuello y ahoga el delirio del que soy presa por ausencia de tu presencia. Desgarra en mi presencia las promesas no cumplidas, agotadas, olvidadas, hechas con alevosía y ventaja, en la brevedad de un abrazo, cuando nuestras ganas crecían arremetiendo contra las piernas, saboreando cuellos y humedeciendo salivas. Sorbes mi rostro y rozas tu saliva, metes los dedos complices a mi boca mientras los lamo frenéticamente, casi al punto del delirio y pellizcas, pellizcas mis latentes pezones sobre mi pecho. Arrojas la marea de tu lengua y amarras la mía con la tuya. Tuya y mía, son dos bocas, que matan la ansiedad con asfixia, sin palabras. Escucho atenta los versos de tu mirada que se clava honda en la mía y te devuelvo con versos almidonados las caricias vertidas. Cuerpos que vierten sudor, liados por la humedad de tu axila, huelo y en ella muero. Mueren mis ganas y las tuyas con el espasmo de una victoria oculta. Oculto mi cuerpo en la oscuridad de la penumbra, sobre mi cama, y mi mano mojada me avisa, que esta vez, la victoria es sólo tuya.
(una flor del edén de geheugen) .
La casa está en silencio… por fin.
El aire es cálido pero el pasto está fresco por el rocío. Es una noche perfecta para contemplar el cielo y tenerte entre mis brazos cobijándote la paz, para que nadie te la quite. Acunarte con el latido de mi corazón y saber cómo se siente tenerte dormida bajo las estrellas. Velar tus sueños cálidos, tus sueños húmedos, tus pesadillas. Oir tu respiración acompasada marcar el ritmo de mi sueño inminente y entregarme a los brazos de la noche contigo entre mis brazos.
Total, que ya llegará el sol con la obviedad de que no has sido más que un dulce sueño.
Anabelle, una aguda amiga de Ernesto en una noche horizontal y devota recordó esto (Lucía) . A Lucía la conocí en el barrio de Caballito, en el verano de 2004. Ambas estábamos entre la multitud de la avenida Díaz Vélez, yo enamorada con la hermosura de este barrio porteño, caminando sin rumbo fijo... ella, en el ajetreo de la cotidianidad. Cuando caminaba sobre la calle donde está el teatro, de repente sobresalió de entre la multitud mi amiga, es una chica morocha y sensual. Intercambiamos un juego de miradas y por instinto nos seguimos, ya no recuerdo si ella a mí o yo a ella pero en segundos ya estábamos intercambiando las primeras palabras. Ella me miró con ojos de extrañeza, como cuando se descubre que una pieza no concuerda con el contexto, yo la miraba con sorpresa y gusto. Cruzamos la avenida hacia el parque Centenario y nos enfilamos hacia las calles aledañas donde sobresalían los puestos de venta de libros usados. Aún recuerdo algunos fragmentos de aquella primera charla. Ambas descubrimos con gran placer que eramos simples y vulgares y que compartíamos algunos intereses políticos. Recuerdo que ese día era un día importante, alguna fiesta o celebración del barrio, evidente porque las calles del parque estaban repletas de puestos ambulantes de comida. Caminamos por las calles repletas de gente y me enseño algunos lugares que debería conocer. Yo sólo la escuchaba con interés y gusto... aquella mujer sensual me despertó muchas cosas, una mezcla de interés sexual con emociones inexplicables. Le pregunté si quería ir conmigo a tomar unas copas y del modo más educado se negó, entonces caminamos y caminamos hasta bien entrada la noche. Hablamos de nuestras expectativas y de nuestras pasiones, de los sentires de las mujeres que gustamos de otras mujeres, del sexo clandestino, de los lugares secretos, pero sobre todo, de esa característica tan presente en muchas mujeres: la ruptura entre el deseo y las emociones que se desprenden de aquel deseo. Fue una noche maravillosa. Repetimos al siguiente día y yo quedé en regresar semanas después. El segundo encuentro fue similarmente cargado de emociones y gratas sorpresas, pude enamorarme de ella pero había una cortina de humo entre las dos, una cortina que a lo largo del tiempo hemos tratado de disipar y que al fin y al cabo, nos ha hecho enriquecer y madurar nuestra amistad. Nos vimos en una ocasión en un boliche de San Telmo. Cuando llegué, ella ya estaba entrada en ambiente con más de una copa, la noté muy cambiada y desinhibida, bailamos muy pegadas... todavía puedo sentir su aliento sobre mi cara y la suavidad de su mejilla sobre mi piel. Creo que hemos desarrollado un afecto muy especial la una por la otra, un afecto que está en las fronteras de la amistad y que a mi me gusta mucho. Siempre que llueve me acuerdo de ella, o cuando hace frío. Siempre está en mi memoria, en mis pensamientos y en mis deseos y sé que yo estoy en los suyos. Es una de esas mujeres que una siente se van a quedar para siempre, así lo espero y espero también que pronto pueda sentir su aliento sobre mi cara y su mejilla rozando mi piel, aunque su amor le pertenezca a otra...
temblores de anpita .
 Me resguardo esta noche en la timidez fría de mis caricias, en mi cielo, y en su oscuridad azul no palpo siquiera la más ínfima dulzura deseable para regalarle a esa estrella inundada en mieles de tu entrepierna que suaviza mi mirada, perdida, arrollada, entre la luz profunda de tu cuerpo. Me callo. Sigo mi camino de coartadas, me refugio en mi mundo sabio de nadas, y de él, arrebato uno de mis soles fieles y te lo obsequio, lo dejo allí al borde de la sabiduría de tu piel para que se contagie de tus sudores, y como fiel a mí, él volverá a mi la lado -seguro lo hará- sin respetar haber sido parte de mi presente hacia vos, y me contará iluminado los secretos de tu tanta belleza, del calor de tu sereno aliento, del olor de tus ansias, de tus palabras, de tus tildes y comas, y yo, fiel a mis sentidos, los guardaré en mi cofre de hielo para derretir mi sed en sus mañanas, mojada de tu ausencia.Te amaré, segura. Lo haré. Pero no esperes mis labios lamiendo en tu savia, no esperes mis dedos repasando tus senos, mi humedad callando tu boca, no esperes, no lo merezco. Dejaré mi firma en silencio y un beso flotando en el norte de tus tobillos para que lo tomes en tus noches empecinadas de vacíos y recuerdes mis mares de cobardías obstinadas en amarte en soledad, aunque mi tibio corazón, esté con ella y buscándote a vos, mi amor...
preguntas de anpita .
Nuevamente el amor en mi lápiz. Conjugar el verbo más hermoso mientras que por mis venas corre un lenguaje diferente. Nuevamente sacar pasaje de ida sin saber que humedad desvelará el recorrido, mirar deseando que ninguna nube interfiera entre el sol y el amor. Volver a ser niña, volver a enamorarse de tu maestra de tercer grado, aquella enamorada de un suave quizás, volver a parir una tierna esperanza, volver a partir hacia un destino aparente. Nuevamente apagar la luz y lamer la oscuridad en lo invisible, nuevamente. Dime una cosa amor... tú que eres poesía, ilusión, llanto sensible, tú que mantienes sonrisas atentas, tú que vences lo imposible y las flores beben de ti, tú que nuevamente guías mi lápiz... dime tan solo una cosa amor... ¿por qué haces sufrir a los que te aman?...
un día con Valeria, una niña movediza que sin permiso se escapó de un sueño (lluvia) . No tengo ganas de ver a nadie. Me pasé todo el fin de semana sola, asomando la nariz a la calle sólo por necesidad un par de veces, hablando por teléfono con mamá, y chateando con L. y F. Gracias a la gripe porcina (para los aspectos negativos, ver mas abajo) no tengo que ir a laburar, y encima llueve mucho. En la heladera tengo comida para un par de días, así que por mí, que siga lloviendo, nomás. ***
El jueves fui a visitar a D. En el micro, dos asientos mas adelante de donde yo estaba sentada alguien tose. Los que están cerca no saben muy bien que hacer: una mujer parada en el pasillo pone cara de resignación; el que está, pasillo por medio, en la misma fila de butacas que yo, parece haber visto al enemigo más temido; la mujer que está a mi lado saca un pañuelo de la cartera y se lo pone en la boca. Un virus más y la poca cordura que nos queda se nos va al carajo. ***
Lunes 29, día después de las elecciones. Lleno un formulario. En Estado Civil pongo "Montonera y lesbiana". No entrego el formulario.
Una amiga de Ernesto llamada Yamil, distraída en su nobleza, escribió esto (Adriana... a lo lejos) .
 Parece ser que a cada recuerdo se desvanece tu imagen. Aunque me duela, aunque mis ganas lastimen tus pechos por no tocarlos, por alejarlos de mis besos. Mi boca se ha sellado. Y a pesar de que absurda desfallezco, me he empeñado en transgredir aquel recuerdo, tuyo y mío, como si por fuerzas pudiese materializar tu cuerpo, tu cara, tus labios, y al fin, sentir tus ganas fundiéndose en las mías. Y fue tu nostalgia, si bien lejana, la que golpeaba incesante mi enarbolada fortaleza, la que nunca dejó -en verdad te lo digo- que llegara más allá de tus negros ojos, a pesar de que mi corazón escuchaba inquieto los ruegos del tuyo. Siempre lo supiste: “ lo mío es la nostalgia y no importa cuánto me pueda quemar, entre más intensa, más disfruto mi tristeza” -explicaste- “ Tal vez sea egoísmo, pero nunca que no te quiera amar como a mí misma, pero, ¿cómo dejar de ser? ¿Cómo apartar de mí lo mío?, cómo crées amor, si la nostalgia me invadió justo cuando vi la luz del mundo” -¿recuerdas?- . Al fin dicho, el último día del resto de nuestro amor. Ahora que repaso cada linea de nuestra vida, me doy cuenta de que nunca pude amarte -no como hubiese podido- , al igual que nunca tú pudiste hacerlo: “no te quiero como creía, no como tú quisieras que te amara; sin embargo, no puedo perderte, te necesito más allá de cualquier pretexto lógico”. Entonces, ya no eres tú quien yo necesito; miente y di que nunca dejarás de amarme, miente y márchate lejos: Para jamás volver.
(un envío de Paula Jiménez que dejó Yani sobre la cama) ¡Ay, mi negra!
Hay una mesa ocupada por once chicas (seguidoras de la banda), atrás una de ocho (seguidoras), sobre el ala izquierda una de seis (adivinen). En el resto de las mesas hay mujeres y hombres sentados, pero, en líneas generales, no se puede negar la tendencia. Los margaritas, los mojitos, las cervezucas y los vinos se yerguen sobre los mantelitos mexicanos cuando los músicos ni asoman por el escenarito del restaurante Frida Kahlo, lo cual significa que la gente comienza a animarse desde temprano. Suele suceder. Aunque el punto de más alto impacto en los recitales de Tumbamores no lo da el alcohol sino el efecto embriagador que produce la hondísima voz de Pepi Dillon cantando "En tu pelo", "Trigal" (la de Sandro) o "Naila". Al escucharla, a través de gestos y caras románticas, todas las chicas parecemos sentir por "Naila" lo mismo que Pepi y experimentamos un dolor semejante también: Naila, di por qué me abandonas, tonta, si tú sabes que te quiero. Con "Mala", el hit filipino, la cosa varía de tono y empieza a volverse espesa para algunas. Ya no es la pena la emoción que circula en el ambiente, sino la risa irónica y el reclamo encapsulado, y vemos a las que están en pareja mirándose a los ojos y espetándose: mala por naturaleza, de los pies a la cabeza, mala, mala, mala, pero ¡qué bonita! En este punto ya empezó la fiesta. Como se puede, en el lugar que queda entre las sillas, que es ceñidísimo, nos paramos y empezamos a bailar. Sí: parece matemáticamente imposible, pero ¿qué importa? Tumbamores suena a full y ahora es su original versión de "El cosechero" en clave de cumbia la que nos hace sacudir el esqueleto y dirigirnos hacia aquella chica a la cual le hemos dedicado una mirada. La diversión y la música favorecen la cercanía, y eso es así acá y en la China, y entre las chinas también. Pero los lejanos ritmos orientales no hacen, precisamente, a la identidad de este repertorio. En cambio, letras vibrantes como mírame como yo bailo, bésame mientras yo bailo, gózame..., de "Ay, mi negra", compuesta por Pina González, guitarrista y autora de algunos de los temas de la banda, sí representan su espíritu sudamericanísimo. A la derecha de Pepi, Pina abre sus labios pintados de efusivo rojo y, matadora, la acompaña en el estribillo junto con el resto de los Tumbamores: Tócame una cumbia, un parejo bueno, un paquete de velas y aquí amanecemos. Ahora la alegría es total y siempre pasa lo mismo: no quisiera que termine, ya me olvidé de lo malo de la vida y sólo quiero bailar.
un regalo de solcito
(interminable-adicción) .
Y si tú te olvidas de mí y yo de ti aún en los paisajes mínimos de la esperanza. Y si colgamos nuestros amores como cuadros no vendibles en paredes de manicomios ya repletos de locos amores y si nos paseamos por avenidas concurridas con novias invisibles imaginarias pero reales para que nos vean acompañadas por distinguidas soledades y si nos aferramos a improbables sudores de amor a placeres inconcretos a caricias insatisfechas y si nos convertimos en íntimas laderas del rencor o pasajeras del odio o publicamos libros que hablen de nuestro desamor y aún así no te olvidas de mí ni yo de ti ni aún en los paisajes mínimos de la esperanza... entonces amor... colgaremos como cuadros nuestros locos amores repletos de vendibles pasiones en todas las paredes del cielo y pasearemos reales nuestro amor de novias por avenidas concurridas para que ya no vean mas distinguidas soledades y nos aferraremos a seguros sudores sedientos placeres y únicas caricias de amor y omitiendo puntos y epílogos publicaremos libros que hablen sólo de nuestro interminable amor imposible de olvidar por mí y por ti ...
Caprichito, una amiga de Ernesto escribió esto (lluvia) .
¡Porqué no habré traído algo para cubrirme de esta molesta lluvia! -fue lo primero que pensé mientras contemplaba la melancólica apariencia del paisaje, que ante muchos, podría parecer una postal demasiado ordinaria y triste-. Tan sólo deberíamos pensar que se trata del otro lado de la alegría, algo demasiado profundo para comprenderlo -susurré a manera de reproche mientras contemplaba el callado juego de las gotas de agua que quedaban atrapadas en el cristal, deformando todo lo que se encontraba del otro lado-. Aquel lado: húmedo y frío, desolador a simple vista, pero que guarda en sus entrañas a la vida misma. A pesar del frío, de la aparente soledad, de la lluvia, la simple idea de vida alberga en mí la sensación de una cálida humedad -cálida humedad, cálida humedad, cálida humedad...-. No sé porqué me detengo tan impetuosamente en la última frase de mis infantes ideas -que a lo mejor ni tanto- pues la simple mención de dos palabras, embriaga todo mi pensamiento, acentúa por instantes todo lo que siento, recorre mi piel con una exquisita sensación de placer desenfrenado. No sólo son dos palabras, es algo más profundo, algo que cala hasta el último rincón de mis recuerdos, de mis emociones, algo que está ahí mismo pero que no sé reconocer. Esa plenitud que calma la inquietud de libertad, las sensaciones a flor de piel. Cada gota que resbala por el cristal es una partícula de vida ¿porqué no? Acaso no eras para mí la humedad que tanto necesitaba. Tus brazos: el refugio perfecto para alguien que no conoce de sedentarismos y anhela estúpidamente la jaula de su libertad. Ahora en mis manos está la vida, cada gota que resbala desaparece entre mis dedos. ¡Te maté! Y el cielo lloró por mí.
(de vainilla) un regalo de Inumea con retoques debajo del escritorio .
Salí del cine y caminé cuadras que parecían interminables, sola, todo estaba tan oscuro que por quince minutos sentí transitar en el sueño de alguien. Tenía en medio de las cejas atascada una lágrima que al fin y al cabo no quiso salir, todavía esta aquí y me pesa. Pasé el puente para llegar a mi casa, de nuevo los mareos, odio los puentes, el de la quinta, el de la autopista… y sin embargo siempre me subo para pasar. Llegué, estaba agotada. Quedó en mi mente las imágenes del último cortometraje presentado: historia trágica con un final feliz, la niña que pudo volar se convirtió en un hermoso pájaro y se fue para siempre, los vecinos que tanto odiaron su corazón súper latiente al final querían que volviera y sin más remedio siguieron cada uno, hasta los perros su propia vida gris… Puaff! entonces pensé por un momento en ser pájaro y volar, pero no me creo tan valiente por estos días así que cerré la ventana y los ojos (dormí más los zancudos se comían pedazos de mí). Hoy llueve y se limpian las calles de la mierda semanal, llueve y el río crece y cada vez mueren sin querer los que duermen en los puentes. No quiero levantarme y que me lleve la corriente, pero hoy me he mojado y me siento de vainilla.
un regalo de yani (sólo para vos) .
El amor no es nada si me miras el amor señorea si me tocas es todo si me mimas . El amor no es tenue si me gozas el amor es vida si me lames es un llanto si me dejas
un regalo de luciana (atrévete) .
Y si yo te amara aún más que tus tinieblas y si te amara apartando el engaño el sabor la cólera . Y si yo te amara impaciente de vos y si te amara partiendo en tus labios hundiéndote en mis ganas en mi espacio . Y si yo te amara despojando el olvido y si te amara sin voces ajenas y si yo te amara tú... . qué harías con ella
geheugen, dulce niña suavizando tiempos, acaricia impía, como yo, palpables sudores profamando noches de amantes expuestos al amor constante. Ella me obsequió estas letras para que juegue con sus acentos .
. Ayer rocé tu mano, y las entrañas: Me temblaron de miedo, . Suave y blanca paloma que posa en tu regazo. Mis tactos extendidos más allá de mis manos. . Tus ojos se clavaron en los míos Mitad inquisitivos. Mitad esperanzados. Y mis huesos cedieron al fuego de tus ojos, Magma encendido, Océano sagrado. Qué irías a hacer, por Dios? Qué irías a decirme? Yo un Corazón en mil interrogantes destrozado. . Acercaste tu aliento de canela a mi boca asustada Y rozaste serena las rosas de mis labios. . Me parece un milagro que aún la tierra gire, Me parece imposible que el sol haya asomado, Me parece mentira que el mundo sea el mismo Cuando hace apenas horas, yo he rozado tu mano.
Un regalo de alma (con ella) . Si alguna vez supieras que ame pero no tanto como a ti. .
Si alguna vez pudieras palpar mi alma para oler su piel aniñada. . Si alguna vez tus manos minaran mis caminos a tus sentidos. .
Si alguna vez dudaras de mi sed huiré sin un adios.
Un regalo de marina (sencilla) .
Si pudiera tenerte tan solo cuando lo deseas cuando en tu corazón callejero inconcluso titularas caricias en mi cama . Si pudiera tenerte no sería feliz por siempre tan solo sería aquella que quiere ser si pudiera tenerte.
geheugen (así se hace llamar) una niña hermosa que vive quién sabe dónde, escribio esto, algunos quizás eludirán la humedad de sus letras, pero yo no pude, es más, siento que soy parte de ellas . Me llevaba 13 años, millones de baldosas de ventaja, me reconoció mucho antes de que yo misma me reconociera y decidió que le pertenecía. Había tenido un hijo y su cuerpo, aunque joven y firme, tenía ya marcado todo el erotismo de su historia en la piel y en sus formas redondeadas. Nunca me gustaron los cuerpos sin historia, son como una pieza de decoración inerte. No recuerda nada porque nada sabe. El mito de la virginidad solo esta sostenido por la sed de expropiación y el miedo al recuerdo comparativo; para mí siempre fue solo eso… algo para perder. Nos conocimos en su local, un restaurant pequeño por Barrio Norte en el que mi padre recalaba todos los días convencido de que la tenía totalmente seducida. Cambiamos unas palabras en el baño de damas y con la excusa de compartir unos apuntes de la facu tomo posesión de mi teléfono. Nos vimos al otro día, conversamos toda la tarde en un bar y parte de la noche en su departamento mientras agotábamos una botella de buen vino. La atmosfera era untuosa y electrificada, mis sensaciones se volvían turbias y ella me parecía magnética, llena de unas promesas que no alcanzaba a entender. Pudo haber hecho su movimiento en ese mismo momento pero no estaba dispuesta a correr ni un solo riesgo… y esa noche me dejo ir así, mareada y confundida, saludándome con un beso tan inocente como peligroso. Dos días después me invitó a cenar a su departamento y me vio llegar con la culpa de haberla tenido en mis fantasías. Cuando terminamos me dijo si quería que fuéramos a bailar. -Sí dale, pero espera que voy a casa a cambiarme- -No hace falta, seguro que en el placard tengo algo que podrías usar- De ahí a terminar en ropa interior entre risas fue un solo paso, cada roce de sus dedos me ponía en alerta y me llenaba de culpa, pero los buscaba ansiosa. Me dijo que iba a ducharse y por supuesto dejo la puerta entreabierta, yo me acerqué despacio mientras el corazón me martillaba en los oídos y me llené los ojos con cada movimiento de la espuma. Cuando salió, envuelta en un toallón, supo que yo ya estaba lista para el avance. Me confesó su atracción hacia mí, y su conciencia de que todo esto me era desconocido, después de un silencio tenso y expectante dijo en un tono seductoramente temeroso: -Qué vas a hacer si te beso?- -No sé… probá- Se le ahogó la respiración y acortó la distancia que nos separaba en el sillón empezando a saborear mi boca con los ojos; mientras, la anticipación me erizaba la piel. Acercó sus labios a la comisura de los míos y pude sentir el tenue roce de su lengua. Se alejó para observarme, yo era un ciervo atontado a punto de convertirse en pantera, tomo mi rostro entre sus manos y lo atrajo hacia si para besarme como rogándome que abriera mis labios para ella. Su lengua se movía suave, casi perezosamente dentro de mi boca, tomándose todo el tiempo del mundo para disfrutarla mientras yo me desvanecía en suspiros de placer y ansiedad. Desabrochó mi corpiño con mano experta y rozó mis pezones con apenas las yemas de sus dedos. Mis manos parecían de plomo, era incapaz de saber qué hacer con ellas y caían ardiendo a los costados de mi cuerpo. Sus labios bajaron lentamente por mi cuello entre mordiscos y besos , se encaminó resuelta hasta mis pechos y, saboreándolos con placer, comenzó a gemir. Fue como si hubiese explotado una bomba en mi cabeza, de pronto mis manos salieron de su estupor y se deshicieron del toallón liberando su cuerpo caliente. Mis pezones ya estaban perdidos entre sus dientes, erectos casi hasta el dolor, atravesada por embates de sensaciones proyectadas a mis manos que se movían febrilmente por cada centímetro de su piel suave y todavía húmeda. La succión de su boca era más y más intensa y mi piel enrojecida acusaba un placer que me subía en oleadas, murmuraba, suplicaba, maldecía y me perdía a mi misma en la inmensidad caliente. Sus pechos firmes, suavemente abandonados a su propio peso, se instalaron en mi boca hambrienta y desesperada y el roce de sus pezones en mi lengua me sacudió como una descarga eléctrica. Los frotó deliciosamente por mi cara, mis hombros, mis propios pechos, los deslizó por mi vientre y acarició suavemente mi sexo ardiente con ellos. Este solo roce, este único tacto bastó para desatar un orgasmo furioso y enardecido que se perdió entre gemidos y sonidos ininteligibles. Bajo su boca hasta mi vagina todavía palpitante y lamió y succionó mi clítoris buscando otro orgasmo que llegó en el límite mismo del dolor. Ciega de deseo busque hacer lo mismo. La textura del sexo de una mujer en la boca no tiene comparación con nada, tersa, mórbida, jugosa, con una mezcla de sabores entre dulces y ásperos, es un encanto adictivo que exige atención y permanencia. Acabó en mi boca en una explosión de humedad y tensión suplicando por más. Mi lengua la penetraba, la hurgaba meticulosamente en busca de los orgasmos que no se hacían esperar. Seguí besando, mordiendo, succionando y recorriendo, ávida de todo. Tenía los glúteos redondos, aterciopelados, y enloquecíamos de placer cuando se los lamía hasta lo más profundo. Nos acariciamos a un tiempo con nuestros dedos, penetrándonos y deslumbrándonos con la visión de los orgasmos. Ella se frotó en mi muslo con excitación frenética y yo supliqué quedamente que sus pechos volvieran a acariciar mi vagina hasta agotarla. Sonrió, y dejó que sus pezones erectos recorrieran mi espalda, mis glúteos, mis piernas, la cara interna de mis muslos hasta adentrarse en mi sexo húmedo y congestionado que los esperaba ansioso. Nos fundimos en un 69 en el que copiamos nuestros mutuos movimientos y nos gemimos directamente la locura de cada orgasmo. La mañana nos encontró todavía enredadas y hambrientas, con los cuerpos dulcemente cansados y la sonrisa de complicidad de quienes saben que exactamente así las va a encontrar la noche. Es cierto que había algo en su placard que hubiera podido usar… pero el vibrador rodó inútil debajo de la cama y no salió de ahí por mucho, mucho tiempo.
un adios de aliné .
me obsequiaste la oportunidad de perderte y la tomé añadiéndote a mi lista de historias viejas agregando tu eslabón a mi cadena de recuerdos y ahora es tan pesado mi andar que decidí sentarme a mirar a los viajeros sin esperanza de olvidar...
Paula una de las tantas amigas de Ernesto escribió esto mientras elegantemente profanaba la piel de un recuerdo...
(Daniela)
Me cuesta tanto trabajo dejar de pensarte Daniela, sobre todo ahora que me siento más viva que nunca. Hoy, caminando por la orilla del mar que tú y yo sabemos, se me ocurrió la idea más desquiciada de los últimos tiempos. Por mucho que me moleste, provocará en ti alegría inmensa, simple y llanamente porque al fin te has salido con la tuya. Esos juegos tuyos en los cuales siempre era la vencedora, recuérdalo bien Daniela, eran sólo eso, juegos. Los cuales me sabía de memoria y por supuesto a sabiendas que eras tú quien proponía mi victoria pero fingía no saberlo. Jugabas a triunfar sobre mí otorgándome la victoria, mientras yo fingía que triunfaba sobre ti dejándome ganar. Daniela, aunque parezca que me estoy traicionando he de reconocer que tu inteligencia siempre superó a la mía, no por ella en si, no, sino por la insipiente extensión de mi repertorio afectivo, precario en suma si lo comparamos con el tuyo. Hoy recordándote quise observar nuestro mar como sólo tú habrías podido hacerlo. Recuerdas aquella ocasión en la que caminando, después de almorzar, te dije en secreto que lo peor que podría pasarnos era que aquella cómplice de andanzas se convirtiera en amante y se perdiera la espontaneidad a cambio de las formalidades de una pareja obligada... Puedo decirlo, anoche soñé contigo y no sólo recordé tu figura. Ayer Daniela soné con tu mar, ese espacio donde me vuelco cada vez que muero en el silencio de tus besos. Revolqué en la espuma de tu sexo y navegué la anchura de tus muslos. Me recosté en la suave arena de tu vientre. Quizás no soñé porque al despertar estaba mojada con agua de sal y entre mis piernas una caracola despierta respirando por ti... Me cuesta tanto olvidarte, en la oscuridad de mi silencio...
Susana Jiménez, con J y no con G como la impresentable diva-atorranta-noventista que pide la pena de muerte según para quién, es una dulce amiga de Ernesto que en una noche de soledad escribió esto
(cálido reflejo) .
Aquel espejo de agua se atravezó en tu camino mujer y sin mayor reparo quedaste prendida de aquel hermoso rostro, poco tiempo bastó para entender que aquella suave cara era la tuya y sin más, olvidaste presurosa cualquier otra. Al fin, el alma gemela que siempre habías buscado había llegado. Las emociones se duplicaban en intensidad y tus adentros comenzaron a arder.... Buscaste un lugar solitario, donde nadie, mujer, pudiera turbar tu ritual de alabanza y frente a un espejo empezaste a mostrar tus ganas, inflexivas, autorreferenciales y sin miedo te enregaste como nunca lo habías hecho con nadie a probar las delicias del autoerotismo. Al desdoblarte mujer gozabas tu aliento y la humedad de tu boca como si fuera tuya y a la vez otra, tomaste tu lengua y la deslizaste por toda tu piel, deteniéndola en puntos húmedos para colmarla de ti, de tu sabor, de tu aroma y la llevaste de nuevo a tu boca, mientras tu sexo ardía con la ayuda de tu mano y cerraste los ojos mujer para sólo ver tu rostro y tocaste de arriba a abajo tu cuerpo como si tuvieras mil manos. Liberaste de ropas tu piel dorada y oliste el sudor de una axila, presurosa nuevamente alargaste tu lengua para lamerte y probarte. Las partes que no libabas las alcanzabas con tus dedos y así acariciaste tus nalgas y luego siguió la entrepierna que no podía ser perdonada. Aquella entrepierna exquisita punzaba por ser tocada, sorbida, limpiada, secada y olida, tus dedos entendieron su angustia y con ellos encontraste la gloria, una miel y un olor que sólo tu podías prodigarte, y lo hiciste, desesperada, ardiente y sudada como si fuera la última vez que te gustaras.
no recuerdo si ayer por la noche una niña me regaló este viejo poema escrito por una amiga de Ernesto o yo, se lo regalé a ella
(por amarte a ti) .
 por amarte ahora junto horas y desganas retengo ausencias y miradas todo por tenerte en mí . por amarte inquieta trago orgullos y desvelos bebo de tu fiel recuerdo traigo adentro ya tu piel . por amarte pura rezo tu credo noche y día y evitando compartir mi amor jamás te pienso a oscuras . por amarte mujer niego requiebros febriles niego el dolor de tu ausencia y niego sin llanto la queja . en fin que por amarte ya no soy la misma ni los días días ni la noche noche . todo se llenó de ti
Recién a Yanina le estaba hablando de vos Pao, de aquella foto que te ofreciste a posar para repartir por el "no a botnia" ¿te acordás?, pero mas, pasó por mi sonrisa y por mis ganas, aquella noche impaciente en que adormecida en mis ansias me había entregado a... ella, la que hoy es casi un recuerdo, y vos me rescataste de su blanca necedad, por eso, decidí recordarte Pao . .
 Me gusta ver su cara conocida e insolente, aunque proviniera de un pasado lejano. Es atractiva y sin duda muy deseable. Podría elegir caricias más claras, labios sumisos, mujeres más jóvenes y latentes. Pero mi encuentro con ella iba mas allá de lo sentimental. Indudablemente quedaba en mí un deje de cariño por sus entregas que paganamente me llevan a sus distraídas y nuevas identidades inconclusas e infinitas. Pienso sin descanso, aunque con dudas, en una segunda oportunidad, quizás eterna. Ojalá estuviera enamorada de ella, aunque no me animaba a considerarlo posible. Ese viernes por la noche me escapé del trabajo, fuí corriendo a mi casa y ella estaba allí con su indescifrable ilusión esperándome. Como la niña que fui, tenía ganas de consumirla en mis deseos sin prólogos fingidos, y ella, desinteresada y segura lo aceptaría sin pregunta alguna. Dios sabe lo bien que me siento cuando mi piel desmedida y abierta se entrega al impulso de su pureza. La miré en medio de sus seducciones, es limpia, hermosa y comprensiva, su tiempo me pertenece y también sus vacíos. Mis tiempos, quizás algún día, también sean de ella. Cuando ya estaba decidida a entregarme a sus encantos, golpearon a mi puerta y escuché la voz suave y ligera de Paola... ¡¡Soy yo Patri!! - ábreme dulce, quiero dibujarme entera esta noche sobre la miel de tu cuerpo-. Sólo tarde unos segundos en envolverla y llevarla a su refugio, es tan chiquita y temerosa que puedo esconderla en cualquier cajón del escritorio o en el botiquín, que es donde más le gusta descansar cuando mis otras realidades me comparten. Paola, siempre dócil y legible, mientras me regalaba un beso se ubicó en el sillón ubicado en el ángulo izquierdo del living, allí donde reposan los cuadros del Che y de Camilo. Sacó del estuche su guitarra y cantó para mí El día en que voy a partir y Compañera, sabiendo que las letras de Silvio Rodríguez llegan a mi corazón y su paz rondando siempre la más simple de las lágrimas. También en ese instante, una botella de Malbec nos miraba desde la alfombra esperando ser consumida entre nuestros sueños atinados y sin pausa. Paola y sus alegrías constantes abrazaron esa noche de viernes con su amor distinto, real, tal vez único, y fui feliz hasta la madrugada, aún sabiendo que ella regresaría y me esperaría por siempre para compartir su vuelo hundida en mis brazos. El amanecer encontró nuestros cuerpos enredados en sus pieles y sudores. Al despertar y después de besar la humedad visible de mis labios, Paola clamando inocencias, me preguntó: ¿cómo te has sentido en nuestra noche, pequeña? -bien dulce- le contesté- me estoy acostumbrando a mi nueva máscara y al viento de tus palabras deslizando un "te amo" y cada minuto que pasa para mí es una nueva oportunidad y yo opté por amar(te)-. .
Mientras tanto, ella, la que nunca podré amar, me esperaba en su escondite incondicional, repleta de su pureza, una pureza que pocos comprenden...
un regalo de (Karo) Melima .
manos mujeres amor líneas que corren apuradas trayendo un destino cuerpos brillantes al filo del deseo palmas tatuadas por un corazón
un regalo de aliné (sed).
¿En dónde estás bonita?
¿Será tan lejos que no puedes sentir cuánto te extraño? ¿Será tan lejos que no te llega mi pensamiento? tan lejos que mi deseo no te llama a buscarme a calmar la sed que ha nacido desde tu primera letra desde que conocí tu mirada desde que descubrí tus labios esos labios que son mi único anhelo hoy... . ...esas manos ¿en dónde están bonita? que no comparten la urgencia de las mías por acariciarte por recorrer cada cabello tuyo cada poro extasiante de tu piel cada figura que inventa tu cuerpo cada pliegue delicioso de tus brazos de tus piernas de ti bonita tan bella . tan bella que sólo quiero soñarte tan bella que no hago más que inventarte estos versos esperando que cuando lleguen adonde estás hagan que ese lejos no sea pretexto para que quieras amarme un día un instante y venir a mí . bonita
Laurita, fiel por naturaleza, figura en el catálogo mundano de mi amigo Ernesto, ella no escribe pero lo que siente lo susurra a los oídos atentos grabando así sus palabras por siempre en aquellos que la escuchan. La pequeña Laurita me contó esto una noche, tímida, en el zaguán de su casa. (sabor) .
Aquella tarde mis ganas tomaron un rumbo distinto, distinto a todo aquello que imaginé justo el día en que la conocí. Mis diez mil maneras de sonreir se esfumaron, y a cambio, sólo quedó un rostro agrio que apenas se atrevió a reflejar su desconcierto. Estaba tan ofuscada, que la sorpresa que produjeron en mí sus palabras, se rompió en añicos filosos que desgarraron mi corazón y así, sangrante y lastimada, traté de huir. Caminé por más de tres horas sin rumbo fijo con la compañia de una tímida lágrima que sólo asomaba su reflejo pero que no se atrevía a caer y fue hasta que me detuve a tomar aire para deshacer el nudo en mi garganta que dicha lágrima rodó por mi mejilla para perderse en la conmisura de mis labios y formar parte de mi saliva. Aquel sabor de tristeza me hizo entenderlo todo. A esa tristeza sabían sus besos, sus caricias y su olor, ese olor que llenaba las ausencias de su cuerpo en mi cama. Muchas veces le dije que mi refugio eran sus axilas, aún sin comprenderlo, me gustaba dormir con mi cara sobre ellas, para respirarla, para llenarme de paz. Eso era, necesitaba de ella para frenar mi desbordada alegría y ella de mí para no hundirse en el diáfano azul de su alma. Quise huir y aunque logré perder su cuerpo, la última imagen de ella ofreciendo su refugio, mi refugio, me atrapó con fe.
un regalo de marina (tiempo) . No es cuestión de saber de bordar de llorar de medir de partir o morir .
Es cuestión de vaciar de olvidar de librar de reír de besar o alumbrar . No es cuestión de estorbar de impedir de sufrir de apartar de mediar o nublar . Es cuestión de enlazar de excitar de tocar de gozar de lamer de amar ´ y morir
un adios de anpita . hoy te quise sólo por vos sin darme cuenta alterando un silencio oculta en la esquina con furia invisible sólo por vos advertí un presente jalé el gatillo guardé el recuerdo ocupé el misterio vencí mi calma sólo por vos fingí quererme gozé tus ligas alquilé una herida escalé tus sueños empeñé el vacío sólo por vos miré mis alas salvé un secreto ungí un te extraño repetí un te quiero pujé violenta sólo por vos destiño el cielo tomo tu savia reflejo un alivio escupo un pasado deformo tus senos sólo por vos confundo mis manos araño tu rostro repaso tu pelo chupo tu sangre rompo el reloj sólo por vos apago el minuto mezclo saliva ojeo tu vientre cierro la puerta disculpo a Dios sólo por vos lamo tus dedos esquivo un olvido respiro mi cama cierro mis ojos copio tu voz sólo por vos envuelvo la rabia obro insensata maltrato tu espalda penetro tu boca ocupo tu piel sólo por vos muerdo tu lengua suplico tus lineas empaño el espejo odio mi cuerpo baño mi sed sólo por vos apelo al enfado separo tus piernas asisto tus labios mojo tu ombligo muerdo tu olor sólo por vos rezo tus nalgas lloro tus pasos borro mi acento llamo al destino compro un adios sólo por vos me voy decidida te llevo dentro te dejo salva me dejo en vos aprieto la vida oculta en la esquina con furia invisible jalo el gatillo sola y sin vos
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