Aliné, hermosa y magia calma, escribe arropada y sin conducta cosas como estas. El viento entusiasta en su andar las recoge suave y oculto, y memorioso en su humedad las deja sobre mi cama .
Anoche estaba acostada mirando hacia la ventana, hacia frío y no quería levantarme a correr la cortina. Pude ver las estrellas y la luna. Quise verte a ti, de pie, recargada en la pared mirándola cobijada por su luz, con un cigarro en la mano. Pero cerré los ojos para evitar que volvieras. Te inventé un aroma, te inventé una textura y una voz. No se puede escapar de eso cerrando los ojos.
La imagen de la ventana se filtro por mis párpados cerrados y te metiste en mis sueños. Toda, real e inventada, no mas ni menos hermosa, solo hermosa, por ser tú. Lo que soñé es un secreto para mi conciencia. Pero es un secreto que compartimos las dos. Uno que puede repetirse si piensas en mi algún día. El cosmos se encargará de hacerlo realidad después.
Corro para alejarme de ti, esperando el valor para volver, esperando que sigas ahí, esperando mientras beso tu recuerdo.
Buenos Aires 2009: ciudadana-piquetera .
Cuando Leticia se marchó me preparé una taza de café y me senté ante la mesa de mi cocina donde reposaba la carta que dejó en silencio. Sentía curiosidad sobre lo que ella había escrito, pero una parte de mí no deseaba leerla. Hoy habíamos hablado de sexo. Es delicado y maravilloso sentir en cada palabra los instantes vividos. La vida debe ser esto supongo, abierta y sincera y no ahogarse en sílabas y frases que sorprenda cualquier realidad. Hacíamos dibujos ilusivos en el aire donde nuestros cuerpos se examinaban orgullosos, húmedos y felices. Atravesamos murallas e intelectualidades etéreas sin remordimientos. Sobre la mesa aún seguía esa carta como mirándome, como revelando su ansiedad por ser leída. Te prohibo hablarme -le decía yo- entre susurros invisibles. Mi taza de café ya se había consumido. Abrí la puerta de mi habitación y dejé caer mi cuerpo sobre mi amable y lleno de secretos colchón amarillo. Era una relación casi perfecta, ni mas ni menos lo que ella deseaba. Me había convertido en su alivio, en su refugio, en su amor deseable. Pero debía atreverme a pensar que jamás habría una mujer constante en mi vida, en mis posibles instantes de placer. Yo había decidido desde hace tiempo a no someterme jamás a pruebas adicionales, necesitaba sentirme segura, ser simple, disfrutar la piel del momento, del amor. Alzaba mi cabeza constantemente y mi lejano techo reflejaba su imagen a cada instante y me sentía culpable de mi libertad de amar, me sentía sofocada por este fuego de lealtades y reglas del quizás. Ella, pensaba revelarme en algún momento sus dolores ocultos, también sus delicadezas, sus luchas internas, pero por primera vez en su vida se encontró con alguien como yo sin pasados ni preguntas y quizás mi inmadurez y mi concepción de nunca esperar nada sino tan sólo amor, la hizo dudar esa noche marchándose con un tibio beso y dejando esa carta tímida sobre la mesa. El sueño se apoderó de mí, me rendí ante él y su fuerza me arrastró suavemente a su delicado y pálido rostro y su voz entremezclada diciendo a cada instante amor amor amor, no dejes de repetir que me amas. Una leve caricia del viento entrando por mi ventana hizo que me despertara sudando en su reclamo. El vacío de la noche penetró en mi cuerpo y decidí salir de casa. Guardé su imagen en mi cajita de cristal y partí al bar más cercano, sin antes tomar su cansada carta. Eran las tres de la mañana. Me senté en la primer mesa junto a la ventana, pedí una ginebra con una sola piedra y un vaso con agua. Tomé la carta, la abrí en medio de mis dudas y cansancios y por fin decidí leerla. Un asombro y una sonrisa se unieron admirables en mi pecho al ver que sólo contenía una servilleta con el rojo rush de sus labios marcados, la silueta de una lágrima aún húmeda y sólo una lineas escritas con birome negra que clamaban... Perdoname dulce Laura, sabés cuanto te amo, amo tu libertad, tu calor, tus goces de mujer insatisfecha, tu olor, tantas cosas amo de vos... pero en nuestras diferencias tu color de piel me cohibe, me reprime cuando vamos tomadas de la mano por las calles de Buenos Aires ese contraste de tu encendida piel oscura con la mía, no me hace sentir bien delante de los demás. Te amo... Me levanté y busqué un espejo para mirar mi piel negra y sonreír hasta la madrugada ante él y repetir alegre en su reflejo... claro Leticia, pobrecita mi tierno y blanquecino amor, claro que te perdono... Sólo fue una suave experiencia más en mis templados e imprevistos amores. Sigo sonriendo, sigo siendo yo envuelta en mis luchas, fuegos y libertades... gracias a Dios..
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