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Una amiga de Ernesto llamada Yamil, distraída en su nobleza, escribió esto
(Adriana... a lo lejos)
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Parece ser que a cada recuerdo se desvanece tu imagen. Aunque me duela, aunque mis ganas lastimen tus pechos por no tocarlos, por alejarlos de mis besos. Mi boca se ha sellado. Y a pesar de que absurda desfallezco, me he empeñado en transgredir aquel recuerdo, tuyo y mío, como si por fuerzas pudiese materializar tu cuerpo, tu cara, tus labios, y al fin, sentir tus ganas fundiéndose en las mías.
Y fue tu nostalgia, si bien lejana, la que golpeaba incesante mi enarbolada fortaleza, la que nunca dejó -en verdad te lo digo- que llegara más allá de tus negros ojos, a pesar de que mi corazón escuchaba inquieto los ruegos del tuyo. Siempre lo supiste: “ lo mío es la nostalgia y no importa cuánto me pueda quemar, entre más intensa, más disfruto mi tristeza” -explicaste- “ Tal vez sea egoísmo, pero nunca que no te quiera amar como a mí misma, pero, ¿cómo dejar de ser? ¿Cómo apartar de mí lo mío?, cómo crées amor, si la nostalgia me invadió justo cuando vi la luz del mundo” -¿recuerdas?- . Al fin dicho, el último día del resto de nuestro amor.
Ahora que repaso cada linea de nuestra vida, me doy cuenta de que nunca pude amarte -no como hubiese podido- , al igual que nunca tú pudiste hacerlo: “no te quiero como creía, no como tú quisieras que te amara; sin embargo, no puedo perderte, te necesito más allá de cualquier pretexto lógico”. Entonces, ya no eres tú quien yo necesito; miente y di que nunca dejarás de amarme, miente y márchate lejos: Para jamás volver.
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(un envío de Paula Jiménez que dejó Yani sobre la cama)
¡Ay, mi negra!


Hay una mesa ocupada por once chicas (seguidoras de la banda), atrás una de ocho (seguidoras), sobre el ala izquierda una de seis (adivinen). En el resto de las mesas hay mujeres y hombres sentados, pero, en líneas generales, no se puede negar la tendencia. Los margaritas, los mojitos, las cervezucas y los vinos se yerguen sobre los mantelitos mexicanos cuando los músicos ni asoman por el escenarito del restaurante Frida Kahlo, lo cual significa que la gente comienza a animarse desde temprano. Suele suceder. Aunque el punto de más alto impacto en los recitales de Tumbamores no lo da el alcohol sino el efecto embriagador que produce la hondísima voz de Pepi Dillon cantando "En tu pelo", "Trigal" (la de Sandro) o "Naila". Al escucharla, a través de gestos y caras románticas, todas las chicas parecemos sentir por "Naila" lo mismo que Pepi y experimentamos un dolor semejante también: Naila, di por qué me abandonas, tonta, si tú sabes que te quiero. Con "Mala", el hit filipino, la cosa varía de tono y empieza a volverse espesa para algunas. Ya no es la pena la emoción que circula en el ambiente, sino la risa irónica y el reclamo encapsulado, y vemos a las que están en pareja mirándose a los ojos y espetándose: mala por naturaleza, de los pies a la cabeza, mala, mala, mala, pero ¡qué bonita! En este punto ya empezó la fiesta. Como se puede, en el lugar que queda entre las sillas, que es ceñidísimo, nos paramos y empezamos a bailar. Sí: parece matemáticamente imposible, pero ¿qué importa? Tumbamores suena a full y ahora es su original versión de "El cosechero" en clave de cumbia la que nos hace sacudir el esqueleto y dirigirnos hacia aquella chica a la cual le hemos dedicado una mirada. La diversión y la música favorecen la cercanía, y eso es así acá y en la China, y entre las chinas también. Pero los lejanos ritmos orientales no hacen, precisamente, a la identidad de este repertorio. En cambio, letras vibrantes como mírame como yo bailo, bésame mientras yo bailo, gózame..., de "Ay, mi negra", compuesta por Pina González, guitarrista y autora de algunos de los temas de la banda, sí representan su espíritu sudamericanísimo. A la derecha de Pepi, Pina abre sus labios pintados de efusivo rojo y, matadora, la acompaña en el estribillo junto con el resto de los Tumbamores: Tócame una cumbia, un parejo bueno, un paquete de velas y aquí amanecemos. Ahora la alegría es total y siempre pasa lo mismo: no quisiera que termine, ya me olvidé de lo malo de la vida y sólo quiero bailar.
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un regalo de solcito
(interminable-adicción)
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Y si tú te olvidas de mí y yo de ti aún en los paisajes mínimos de la esperanza. Y si colgamos nuestros amores como cuadros no vendibles en paredes de manicomios ya repletos de locos amores y si nos paseamos por avenidas concurridas con novias invisibles imaginarias pero reales para que nos vean acompañadas por distinguidas soledades y si nos aferramos a improbables sudores de amor a placeres inconcretos a caricias insatisfechas y si nos convertimos en íntimas laderas del rencor o pasajeras del odio o publicamos libros que hablen de nuestro desamor y aún así no te olvidas de mí ni yo de ti ni aún en los paisajes mínimos de la esperanza... entonces amor... colgaremos como cuadros nuestros locos amores repletos de vendibles pasiones en todas las paredes del cielo y pasearemos reales nuestro amor de novias por avenidas concurridas para que ya no vean mas distinguidas soledades y nos aferraremos a seguros sudores sedientos placeres y únicas caricias de amor y omitiendo puntos y epílogos publicaremos libros que hablen sólo de nuestro interminable amor imposible de olvidar por mí y por ti ...
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